
República Dominicana se encuentra ante una paradoja de la salud pública: mientras logra avances significativos en la lucha contra el hambre, enfrenta al mismo tiempo un preocupante aumento de la obesidad. La FAO proyecta que el país podría salir del mapa del hambre en 2026, al reducir este indicador de 11.6% en el período 2010‑2012 a 3.6% en 2022‑2024. Este progreso refleja mejoras en la disponibilidad de alimentos, programas sociales y políticas orientadas a la seguridad alimentaria.
Sin embargo, el panorama no es completamente positivo. La misma FAO advierte que la obesidad en adultos en República Dominicana alcanza ya cerca del 30%, una cifra que enciende las alarmas del sistema de salud. Este fenómeno se asocia con dietas altas en azúcares, grasas y alimentos ultraprocesados, junto a estilos de vida sedentarios, jornadas laborales extensas y un entorno urbano que muchas veces no favorece la actividad física.
El país, por tanto, se enfrenta a un “doble desafío”: mantener los avances contra el hambre mientras se combate la epidemia de sobrepeso y obesidad. Esta transición nutricional, común en muchas economías emergentes, implica pasar de la desnutrición clásica a problemas ligados al exceso calórico y a la mala calidad de la dieta. Si no se actúa a tiempo, aumentarán las enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Abordar este reto exige políticas públicas integrales que vayan más allá de garantizar la cantidad de alimentos y se enfoquen en la calidad de lo que se consume. Esto incluye educación nutricional desde la escuela, etiquetado claro de productos, regulación de la publicidad dirigida a niños, incentivos a la producción y consumo de alimentos frescos, así como espacios públicos que promuevan el ejercicio. El sector privado, los medios de comunicación y las comunidades también tienen un rol clave para cambiar hábitos y promover una cultura de vida saludable.
La buena noticia es que los avances contra el hambre demuestran que, con voluntad política y coordinación institucional, es posible transformar la realidad nutricional del país. El próximo gran paso para República Dominicana será consolidar esos logros y, al mismo tiempo, implementar estrategias efectivas para reducir la obesidad, protegiendo así la salud de su población adulta y de las generaciones futuras. Convertir la seguridad alimentaria en seguridad nutricional integral es el verdadero objetivo de largo plazo.



