Opinión

¿Vivimos un nuevo feudalismo en República Dominicana?

El espejo roto: cuando la historia nos habla al oído

Hay una pregunta que los historiadores serios llevan años haciéndose en voz baja y que ahora empieza a decirse en alto: ¿estamos viviendo una neofeudalización de la sociedad? Es decir, ¿estamos regresando, sin darnos cuenta, a un modelo social donde unos pocos mandan, la mayoría obedece, y la movilidad social es una ilusión bien vendida?

La respuesta, incómoda pero necesaria, parece ser que sí.

El Imperio Romano no cayó de un día para otro. Cayó lentamente, como el agua que va erosionando la piedra. Primero desapareció la clase media —los comerciantes, los artesanos, los veteranos, los llamados equites— y con ella, la posibilidad de que alguien nacido en circunstancias humildes pudiera llegar lejos por su propio mérito. El mismo Diocleciano, uno de los emperadores más brillantes de Roma, era nieto de un liberto, es decir, de un esclavo que compró su libertad. Ese ascenso fue posible porque existía una clase media que lo sostenía. Cuando esa clase media se esfumó, Roma colapsó.

¿Le suena familiar?

República Dominicana: laboratorio perfecto del nuevo feudalismo

La República Dominicana es un caso de estudio que los analistas de la región deberían observar con más cuidado. Somos un país que creció económicamente a tasas envidiables durante dos décadas, con cifras macroeconómicas que se presentan como un éxito. Sin embargo, ¿dónde está ese crecimiento en el bolsillo de la mayoría?

El dominicano de clase media —el profesional joven, el pequeño empresario, el técnico independiente— vive hoy una paradoja cruel: trabaja más, gana nominalmente más, pero puede comprar menos. El salario mínimo del sector privado no llega a los RD$18,000 pesos mensuales en muchos sectores. El alquiler de un apartamento modesto en Santo Domingo supera con facilidad esa cifra. Los supermercados, la gasolina, la electricidad privada que suplimos porque el Estado no garantiza el servicio: todo sube. La clase media dominicana no se está empobreciendo en el discurso; se está empobreciendo en la realidad de cada quincena.

Mientras tanto, la élite económica y política del país —muchas veces la misma familia con distinto apellido en cada generación— consolida su posición. Las concesiones, los contratos del Estado, los monopolios disfrazados de “mercado libre”, los medios de comunicación que orientan la opinión pública: todo converge hacia un sistema donde el poder no se gana, se hereda o se compra.

El pan y circo criollo

Los romanos tenían gladiadores y pan gratuito. Nosotros tenemos redes sociales, reggaetón, dembow o música “urbana”, “influencers”, escándalos políticos con matiz de telenovela y apagones que de alguna manera normalizamos como parte de la vida. No se trata de condenar el entretenimiento —que es legítimo y necesario— sino de reconocer cuándo se convierte en mecanismo de distracción colectiva.

Cuando un país puede debatir durante semanas el comportamiento de una figura pública en redes sociales, pero apenas dedica atención a que la deuda pública creció exponencialmente, a que los jóvenes emigran en masa porque no ven futuro, o a que el sistema judicial protege más a quienes pueden pagarlo que a quienes tienen razón: ahí está el circo. Ahí está la distracción.

El ciclo de perpetuación tiene nombre, apellido y partido político en República Dominicana —aunque el partido cambie de nombre cada ciertos años.

¿Meritocracia o “clavo que sobresale, martillazo”?

Uno de los elementos más dolorosos de este análisis es el cultural. La cultura dominicana tiene una relación complicada con el éxito ajeno. El talento que no tiene padrino político, el empresario que no tiene socio en el poder, el periodista que investiga lo que no debe: todos enfrentan no solo obstáculos institucionales, sino el peso cultural de una sociedad que históricamente ha preferido bajar al que sube que elevar a los que están abajo.

La meritocracia real —no la de las cuñas de campaña, sino la que permite que un joven de Los Alcarrizos llegue donde llega por lo que sabe y lo que trabaja— es todavía una promesa incumplida.

¿Qué podemos hacer? El camino de Bizancio

El Imperio Romano de Oriente, Bizancio, sobrevivió casi mil años más que su contraparte occidental porque eligió adaptar sus instituciones en lugar de dejarlas colapsar. No fue perfecto, pero fue inteligente. La pregunta para República Dominicana —y para cada ciudadano— es: ¿queremos ser Bizancio o queremos ser Roma Occidental?

Algunas acciones concretas y posibles:

    • Exigir transparencia real, no la de los informes de gestión diseñados para el aplauso, sino la que permite rastrear cada peso del presupuesto nacional.

    • Apoyar y consumir medios independientes que investiguen con rigor, aunque incomoden.

    • Organizarse localmente —en el barrio, en el gremio, en la comunidad— porque el poder local es el primer eslabón de cualquier cambio real.

    • Invertir en educación crítica, propia y de los hijos, no solo la del currículo oficial, sino la que enseña a preguntar, a dudar y a analizar.

    • Votar con información, no con lealtad tribal ni con el billete de la semana de las elecciones.

    • Rechazar la cultura del “así es esto”, que es la versión criolla del “no te muevas, que hay peligro” del señor feudal.

El feudalismo no regresa con castillos ni armaduras. Regresa con contratos leoninos, con apagones eternos que obligan a comprar plantas, con sistemas de salud que solo funcionan si puedes pagar, con universidades que producen títulos en lugar de conocimientos. Regresa, en definitiva, cuando dejamos de exigir y empezamos solo a sobrevivir.

La historia nos da la advertencia. La decisión es nuestra.

Entonces, ¿Que opina usted? déjeme saber en los comentarios. Este no es un tema sobre el que normalmente escribo, pero el observar la historia de la humanidad y la realidad actual obliga a  comparaciones y la búsqueda de soluciones, sin limitarme simplemente a dar una alerta.

Fuente
El sistema cambia, pero no hacia el «neofeudalismo»¿Mutaciones del capital o advenimiento del neofeudalismo/tecnofeudalismo?La guerra por la «refeudalización» en América Latina Crítica al tecnofeudalismo¿Refeudalización global o “feudalmanía” latinoamericana?Robotización, neofeudalismo e ingreso básico universal

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