Internacionales

Último Discurso de Salvador Allende: 11 de Septiembre 1973

Testamento Político de Salvador Allende Ante el Golpe

El 11 de septiembre de 1973, el presidente Salvador Allende pronunció su último discurso desde el Palacio de La Moneda, convirtiéndose en uno de los momentos más trascendentales de la historia política latinoamericana. Estas palabras finales del mandatario chileno resonaron como un testamento político que trasciende fronteras y generaciones.

En medio del bombardeo a las torres de radio y con las Fuerzas Armadas rompiendo la tradición constitucional, Allende dirigió un mensaje cargado de dignidad y determinación. “Yo no voy a renunciar”, declaró con firmeza, estableciendo su posición ante los acontecimientos que se desarrollaban en el país.

El discurso revela la profunda decepción del presidente ante la traición de comandantes militares como el almirante Merino y el general Mendoza, quienes habían manifestado lealtad al gobierno apenas días antes. Allende los señaló directamente como responsables de quebrar el juramento constitucional que habían hecho como servidores de la patria.

Con una perspectiva histórica clara, Allende expresó su convicción de que “la historia es nuestra y la hacen los pueblos”, anticipando que su sacrificio tendría un significado trascendental para las futuras generaciones de chilenos. El presidente reconoció que enfrentaba un “tránsito histórico” donde pagaría con su vida la lealtad al pueblo.

El mensaje incluyó palabras específicas para diferentes sectores de la sociedad chilena: trabajadores, mujeres campesinas, profesionales patriotas, juventud e intelectuales. Allende advirtió sobre la presencia del fascismo en Chile, manifestado a través de atentados terroristas, destrucción de infraestructura y el silencio cómplice de quienes debían proceder legalmente.

Las palabras finales del discurso contienen una de las frases más recordadas de la historia política: “mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Esta metáfora de esperanza se convirtió en símbolo de resistencia y lucha por la democracia.

A Continuación la transcripción del discurso

ÚLTIMO DISCURSO DEL PRESIDENTE SALVADOR ALLENDE

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción. Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado director general de Carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar!

Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.

Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.

Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.

Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.

Estaban comprometidos. La historia los juzgará.

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Éstas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Salvador Allende
Palacio de La Moneda, Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973.

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