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NOAA renueva cómo mide El Niño en un mar más caliente

Nuevo índice climático y lo que significa para el Caribe

Los océanos del planeta se están calentando más rápido de lo que nuestros instrumentos de medición podían anticipar. Esa es, en esencia, la razón por la que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) acaba de abandonar un sistema de clasificación que llevaba 75 años en uso y lo reemplazó con un nuevo índice llamado RONI: el Índice Oceánico Relativo del Niño.

El problema con el viejo sistema

Durante décadas, los científicos midieron El Niño comparando la temperatura superficial del mar en la región central del Pacífico —la zona de monitoreo conocida como Niño 3.4— contra un promedio histórico fijo. El método parecía sólido hasta que el calentamiento global comenzó a elevar ese promedio de forma constante, distorsionando las lecturas. La NOAA había intentado actualizar la línea base cada cinco años en lugar de cada diez, pero ni eso fue suficiente para mantener la precisión del índice.

El nuevo índice RONI

El RONI resuelve el problema de una manera elegante: en lugar de comparar el Pacífico central con un promedio histórico absoluto, lo compara con la temperatura promedio de todos los océanos tropicales del mundo, entre los 20° norte y 20° sur de latitud. Así se filtra el ruido del calentamiento global y se aísla únicamente la señal propia del fenómeno ENSO. La diferencia entre ambos métodos puede alcanzar medio grado Celsius, lo que tiene consecuencias reales en cómo se declara o no un evento. Australia adoptó un sistema similar en septiembre de 2025, lo que hace de este cambio una tendencia científica global.

El papel de La Niña en el récord de temperatura

Un estudio de la Universidad de Tokio, publicado en Nature Geoscience, encontró que alrededor de las tres cuartas partes del aumento en el desequilibrio energético de la Tierra en 2022 y 2023 se deben a la combinación del calentamiento humano con una inusual transición de una “triple” La Niña a un fuerte El Niño. Durante La Niña, el agua más caliente se hunde en el océano, acumulando energía como bajo una tapa a presión. Cuando llega El Niño, esa tapa salta. El resultado: temperaturas globales récord que podrían repetirse —o superarse— en el próximo ciclo de El Niño, previsto para finales del verano de 2026.

Lo que esto significa para la pesca en el Caribe

El Caribe no es ajeno a estos fenómenos. Aunque el epicentro del ENSO está en el Pacífico tropical, sus efectos se extienden hasta el Atlántico tropical, alterando corrientes, temperaturas del agua y ciclos migratorios de peces. Durante episodios de La Niña, los patrones de precipitación y los cambios en los vientos modifican la distribución de especies clave para la pesca en el Atlántico, afectando directamente a las comunidades costeras del Caribe que dependen de estas capturas. Por otro lado, La Niña tiende a fortalecer los afloramientos de aguas profundas ricas en nutrientes, lo que puede beneficiar temporalmente la cadena trófica marina y las pesquerías de peces pelágicos como el atún.

Implicaciones para el turismo regional

El turismo marino caribeño —incluyendo el buceo, el snorkel y la pesca deportiva— es altamente sensible a las variaciones en la temperatura del agua y a los eventos de blanqueamiento de corales, que se intensifican durante episodios de El Niño. La llegada de un nuevo El Niño en 2026 podría elevar aún más las temperaturas superficiales del mar en el Caribe, incrementando el riesgo de blanqueamiento masivo en arrecifes como el del sistema mesoamericano, uno de los más importantes del mundo para el turismo de buceo. Para los operadores turísticos del Caribe, comprender y anticiparse al nuevo ciclo ENSO —ahora medido con el RONI— se convierte en una herramienta de planificación indispensable.

El futuro próximo

La NOAA estima que La Niña actual seguirá debilitándose, con un 60% de probabilidad de llegar a condiciones neutras en abril y entre un 50% y 60% de probabilidades de que se forme un nuevo El Niño a finales del verano. Si eso ocurre, el Caribe deberá prepararse para una temporada de huracanes más calmada —El Niño históricamente suprime la actividad ciclónica en el Atlántico— pero con mayores riesgos para sus ecosistemas coralinos y pesquerías costeras. La nueva clasificación RONI permitirá a los gobiernos y sectores productivos recibir alertas más precisas y oportunas para tomar decisiones basadas en ciencia real, no en un termómetro descalibrado por décadas de cambio climático.

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