EditorialOpinión

La Navidad sobre el vidrio roto

El ciclo del gasto y el desorden

La llamada teoría de la ventana rota, formulada por James Q. Wilson y George L. Kelling a inicios de la década de 1980, parte de una premisa tan sencilla como inquietante: cuando una ventana rota no se repara, pronto todas las demás terminan igual. El desorden tolerado, aunque sea mínimo envía el mensaje de que nadie cuida, nadie vigila y nadie se responsabiliza. El resultado es una espiral de deterioro que va de lo pequeño a lo estructural, de lo simbólico a lo real.

Esa teoría, concebida originalmente para explicar el auge del crimen urbano, hoy puede leerse con claridad quirúrgica en la vida social, económica y cultural de la República Dominicana, y muy especialmente en esta época de Navidad, cuando una parte significativa de la población recibe ingresos extraordinarios salario trece, bonos, regalías que desaparecen en cuestión de días, sin planificación, sin previsión y sin impacto duradero en su bienestar.

No es casualidad. Durante todo el año, vastos sectores sociales han vivido dentro del circuito de la ventana rota: precariedad normalizada, informalidad asumida como destino, desorden institucional convertido en paisaje cotidiano. Cuando el entorno transmite que nada es estable, que todo es provisional y que el mañana es incierto, el comportamiento racional deja de ser el ahorro o la inversión; pasa a ser el consumo inmediato, casi compulsivo. Gastarlo todo se convierte, psicológica y socialmente, en una forma de defensa.

El sociólogo Émile Durkheim advirtió que cuando las normas pierden fuerza y coherencia, emerge la anomia: un estado en el que los individuos ya no saben qué esperar del sistema ni qué se espera de ellos. En ese contexto, el exceso de gasto, de endeudamiento, de celebración sin límites no es una anomalía moral, sino una reacción social predecible. La Navidad, entonces, deja de ser un tiempo de reflexión y se convierte en una válvula de escape colectiva.

Por su parte, Zygmunt Bauman, al analizar la modernidad líquida, sostuvo que las sociedades contemporáneas empujan a los individuos a consumir no solo bienes, sino sensaciones, estatus y pertenencia. En un entorno donde todo es frágil, el consumo ofrece una ilusión momentánea de control. En la República Dominicana, esa lógica se potencia en diciembre: si el año fue duro, caótico y lleno de “ventanas rotas”, la respuesta es un gasto total, casi ritual, como si quemar el dinero fuera una forma de exorcizar la frustración acumulada.

El economista conductual Richard Thaler también aporta una clave relevante: las personas no toman decisiones económicas de manera estrictamente racional, sino influenciadas por su contexto, emociones y hábitos. Cuando el contexto es de desorden estructural calles deterioradas, servicios ineficientes, inseguridad económica el cerebro aprende que planificar a largo plazo “no vale la pena”. Así, el ingreso extraordinario no se percibe como una oportunidad de cambio, sino como un paréntesis efímero que hay que agotar antes de que el sistema vuelva a fallar.

Aquí es donde la teoría de la ventana rota revela su dimensión más profunda: no se trata solo de criminalidad o de espacio urbano, sino de cultura, de expectativas y de conducta económica. Una sociedad que convive con ventanas rotas materiales e institucionales termina interiorizando el desorden como norma. Y cuando llega la Navidad, el mensaje implícito es claro: disfruta hoy, porque mañana volverá el caos.

El verdadero desafío no es moralizar el gasto navideño ni culpar al ciudadano común, sino reparar las ventanas rotas de fondo: fortalecer la institucionalidad, dignificar el trabajo, crear entornos previsibles y confiables. Solo en una sociedad donde el orden, la justicia y la estabilidad sean visibles, el individuo sentirá que ahorrar, invertir o planificar tiene sentido.

Mientras tanto, cada diciembre seguirá repitiéndose el mismo ritual: ingresos extraordinarios consumidos sin estrategia, celebraciones intensas y, al final, el retorno a un enero lleno de grietas. Porque cuando nadie repara la primera ventana, el sistema entero termina viviendo y gastando como si todo estuviera ya roto

José Rafael Padilla Meléndez

José Rafael Padilla Meléndez es un destacado docente y político en la República Dominicana, conocido por su compromiso con el desarrollo educativo y social. Ha trabajado incansablemente para modernizar la educación, integrando tecnologías emergentes en la formación de maestros, y ha creado programas innovadores para mejorar la enseñanza de las matemáticas. Además, su influencia en el ámbito político se refleja en su análisis crítico sobre reformas constitucionales y políticas públicas, promoviendo la institucionalidad y la justicia en el país.

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