Economia

Blackstone y Blue Owl: el gran susto del crédito privado

El crédito privado tambalea: lo que Blackstone y Blue Owl nos dicen sobre el futuro de las inversiones

Durante años, Wall Street vendió el crédito privado como la alternativa perfecta para inversores que buscaban rendimientos estables fuera de los mercados públicos. Hoy, esa promesa enfrenta su prueba más dura — y sus ondas de choque ya llegan hasta Santo Domingo.

Blackstone, el gigante de los activos alternativos, se vio obligado a elevar su oferta de recompra de acciones en su fondo BCRED al 7.9% — un récord histórico — tras una avalancha de solicitudes de retiro que totalizaron unos $3,800 millones. Aunque la firma cubrió todos los pedidos, incluyendo $900 millones de su propio balance, los flujos netos fueron negativos en $1,700 millones solo en el primer trimestre de 2026. La empresa insistió en que la decisión “no se debe a ninguna limitación de liquidez de BCRED”, pero los mercados no quedaron convencidos.

La situación en Blue Owl es considerablemente más grave. La firma congeló definitivamente los retiros de su fondo OBDC II, valuado en $1,600 millones, y procedió a vender $1,400 millones en préstamos para devolver capital a los inversores. Sus fondos más grandes también registran una caída dramática en nuevas suscripciones: los flujos mensuales en su fondo principal OCIC pasaron de $600 millones en noviembre a apenas $208 millones en febrero. Las acciones de Blue Owl han perdido más del 50% de su valor en el último año, y Barclays rebajó su calificación a “Equal Weight”, advirtiendo que varios de sus fondos están “en camino de registrar salidas netas”.

Las alarmas no provienen solo de los números. Lloyd Blankfein, ex CEO de Goldman Sachs, advirtió que los inversores podrían enfrentar “un ajuste de cuentas más severo” al descubrir activos mal valuados en el sector. Jamie Dimon, de JPMorgan, habló abiertamente de “comportamientos imprudentes” en las prácticas de préstamo. Y UBS elevó su proyección de incumplimientos en crédito privado a un escenario pesimista del 15%, citando el impacto de la inteligencia artificial en los prestatarios corporativos.

El problema estructural es claro: el crédito privado — un mercado de aproximadamente $3 billones de dólares — opera con activos ilíquidos envueltos en vehículos semi-líquidos diseñados para el inversor minorista. Cuando la confianza se erosiona y los retiros se aceleran, la tensión entre iliquidez real y liquidez prometida queda expuesta de manera brutal.

¿Y Santo Domingo? Más cerca de lo que parece

La banca dominicana, con una cartera bruta de crédito privado que cerró 2024 en RD$1.809 billones y un crecimiento del 13.4%, tiene una exposición directa mínima a estos vehículos. Sin embargo, los canales de contagio son reales. Las familias dominicanas de alto patrimonio con portafolios gestionados desde Miami o Nueva York pueden tener exposición directa a fondos BDC o a acciones de gestoras como Blackstone, Apollo o Blue Owl, que cayeron entre 3% y 10% en un solo día. Los fideicomisos de inversión locales — el vehículo más análogo al crédito privado en RD — enfrentarán mayor escrutinio por parte de inversores que ahora cuestionan la promesa de liquidez en activos ilíquidos. Y quizás el efecto más silencioso pero duradero: si los grandes fondos globales restringen su apetito de riesgo para cubrir redenciones propias, los proyectos de infraestructura, turismo e inmobiliario en República Dominicana que dependen de deuda externa encontrarán ventanas más estrechas y tasas más altas.

La pregunta que todos se hacen ahora es si esto es una corrección temporal o el inicio de un desenrollamiento más profundo en uno de los rincones de mayor crecimiento de las finanzas globales. Para los inversores dominicanos, la respuesta importa más de lo que muchos creen.

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