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Apagón general: ¿qué pasó el 23 de febrero?

La República Dominicana amaneció el lunes 23 de febrero de 2026 con un sistema eléctrico frágil que no tardó en colapsar. Desde las 11:00 de la mañana, el Sistema Eléctrico Nacional Interconectado (SENI) comenzó a mostrar una caída progresiva en su capacidad de generación, hasta que al mediodía el país quedó prácticamente a oscuras.

Este no fue un hecho aislado. Apenas tres meses y medio antes, en noviembre de 2025, la República Dominicana había vivido otro apagón total provocado por un error humano —la desconexión manual de una línea energizada en la subestación de 138 kilovoltios de San Pedro de Macorís— que desató una reacción en cadena en todo el sistema. El 23 de febrero repitió el patrón: una falla en un interruptor de línea de transmisión activó el modo de protección del sistema, según explicó el ministro de Energía y Minas, Joel Santos Echeverría, en una conferencia de prensa.

Según datos del Organismo Coordinador del SENI (OC), más de 2,530 megavatios de energía quedaron fuera de generación durante el pico de la crisis. La Empresa de Transmisión Eléctrica Dominicana (ETED) confirmó oficialmente una “falla mayor” en el sistema de transmisión, activando de inmediato los protocolos de emergencia nacionales.

El impacto no se limitó al plano doméstico. En Santo Domingo, el tráfico colapsó, el metro y el teleférico suspendieron operaciones, y muchos comercios cerraron mientras los equipos técnicos trabajaban en la restauración. Por instrucciones del director general de la Policía Nacional, mayor general Andrés Modesto Cruz Cruz, se reforzaron las labores preventivas en todo el territorio, especialmente en zonas vulnerables. Hospitales, servicios de agua, transporte masivo y aeropuertos operaron con plantas de emergencia.

Las distribuidoras Edesur, Edenorte y Edeeste emitieron comunicados pidiendo disculpas a la ciudadanía y señalando que sus equipos apoyaban los trabajos de la ETED para estabilizar el suministro lo antes posible. Para la tarde, el sistema había recuperado aproximadamente el 30% de su capacidad habitual.

Este segundo gran apagón en menos de un cuatrimestre vuelve a colocar en el centro del debate político y técnico la vulnerabilidad estructural del sistema eléctrico dominicano. Los usuarios de Edeeste, Edesur y Edenorte ya enfrentaban en noviembre de 2025 promedios de entre 14 y 17 horas mensuales de interrupciones en el servicio, cifras que evidencian un problema de fondo que va más allá de los grandes apagones. La ciudadanía y el sector empresarial exigen respuestas concretas: inversión en infraestructura de transmisión, modernización de subestaciones y una revisión profunda de los protocolos de operación del SENI.

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