La UE retrasa reunión de crisis mientras Irán arde
Bruselas bajo fuego: ¿puede la UE responder a tiempo en una crisis global?

Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados sobre Irán que acabaron con la vida del líder supremo Ayatolá Alí Jameneí, el mundo contuvo el aliento. Misiles iraníes comenzaron a caer sobre bases militares estadounidenses en Baréin, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. En ese contexto, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció que convocaría una reunión especial del Colegio de Comisarios… para el lunes.
La decisión de esperar al inicio de la semana laboral desató una avalancha de críticas en redes sociales. El presentador de GB News Patrick Christys resumió el sentir de muchos con una frase demoledora: “Un poco de esquí alpino, algo de fondue y una botella de vino tinto, y luego nos ocupamos de la Tercera Guerra Mundial. La UE es totalmente inútil”.
Sin embargo, el cuadro completo es más matizado. Los embajadores de la UE se reunieron a nivel COREPER tanto el sábado como el domingo. La Alta Representante Kaja Kallas presidió una videoconferencia de emergencia con los 27 cancilleres europeos el domingo, abordando la dimensión política del conflicto, las disrupciones en los mercados energéticos y la situación de los ciudadanos europeos varados en la región. Un grupo de trabajo consular también sesionó para coordinar repatriaciones ante la cancelación masiva de vuelos en todo Oriente Medio.
Aun así, fue la reunión del lunes lo que se convirtió en símbolo. Mientras Macron pedía una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania activaba su equipo de gestión de crisis el sábado, el principal órgano ejecutivo de la UE aguardaba al inicio de la semana laboral. Von der Leyen intentó recuperar el terreno el domingo con un mensaje en X: “Con Jameneí desaparecido, existe una renovada esperanza para el pueblo iraní”, aunque advirtió sobre el riesgo real de una espiral de violencia regional.
La pregunta que queda flotando sobre Bruselas no es si la UE actuó, sino si lo hizo con la urgencia que el momento exigía. En un mundo donde las crisis no respetan calendarios, la maquinaria institucional europea vuelve a enfrentarse a su mayor debilidad: la velocidad.



